Relato inspirado en la imagen.
Qué queda en mí de aquella niña llena de sueños y fantasías, qué de aquella joven soñadora. Ya
ni siquiera soy adulta, soy un algo que queda esperando su último suspiro. Los
años de mi vida han volado, se me escapa el tiempo, mi futuro se reduce a un
mañana incierto. Qué poco es una vida, qué corta se ve cuando el final se
acerca. No hay segundas oportunidades, venimos solo una vez y si hay suerte a un lugar de los menos hostigados. Hasta para nacer dependemos del destino, cruel y antojadizo destino que nos maneja cual marionetas colgando de sus hilos.
No he tenido
la oportunidad de hacer los viajes proyectados, no he podido leer
todos los libros, ni escribir todas las palabras. No he podido despedirme en tu mirada. Me llevaré besos que no he dado, abrazos que me fueron negados. Los días que en la niñez se
hacían largos, días de horas interminables, hoy se escapan entre los dedos como la arena
de playa. El tiempo se acelera, corre, vuela, y por mucho que se intente no hay
freno capaz de pararlo. Nos vamos, me voy, pero mientras mis manos puedan seguiré tejiendo, tejeré hasta que vuelvas, tejeré noche y día, tejeré sueños aunque nunca llegue a alcanzarlos.