miércoles, 3 de septiembre de 2014

ESTE JUEVES: EL MAR, LA MAR



Playa de Camposoto o del Castillo, San Fernando, Cádiz.

PASEANDO RECUERDOS
  
El rumor del mar acompaña su solitario paseo mientras su mirada puesta en el horizonte despide los últimos rayos de sol que se resbalan sobre las aguas doradas. Así camina un hombre bueno, acompañado de sus recuerdos, con el pensamiento perdido en otro lugar y otro tiempo. A veces cierra los ojos y espanta los dolorosos momentos para no sentir en su alma la puya que la atraviesa, y,  vuelve al presente,  y disfruta de ese astro ya semicircular que se va perdiendo tras el mar, siente su cálido abrazo y sabe que merece la pena vivir aunque sea en soledad, con el corazón infartado por los golpes recibidos, con el puño que aprieta su garganta para evitar que de rienda suelta al grito que le ahoga, con esos sentimientos que a veces provocan un odio que no puede permitir porque a quien  daña más es a sí mismo.
Le han quitado parte de su vida, ha perdido su hogar, el que se hace día a día, el que agrupa a sus moradores en torno a instantes felices y a ratos de aflicción, pero todo une,  la alegría y la pena, la tristeza y el gozo, el júbilo y el quebranto, todos son sentimientos que acompañan la existencia. Pero ahí, dentro de su ser hay un hombre orgulloso de seguir su camino con el rostro mirando al frente, con su imperturbable  dignidad,  porque al hombre nadie podrá quitarle su honra, su decencia y decoro, la grandeza de los seres honestos es inalterable.
No es necesario el halago y la lisonja ajena para aquellos que se saben honorables porque es algo que emana desde dentro y casa con los principios. El amor propio le enaltece a pesar de los intentos que hagan por hundirle.
Así el hombre camina sobre la arena mojada, a veces salpicada de espuma blanca que acaricia sus pies desnudos, enredando en sus recuerdos sigue su lento recorrido iluminado por  las últimas luces del día y acompañado por su dignidad, su más preciado tesoro, eso que nadie tiene el poder de quitarle. A veces le sorprende alguna gaviota que pasa de refilón o un grupo de  chorlitejos que camina a paso ligero por la orilla desviando los pensamientos del hombre que disfruta de las sencillas imágenes que le brinda la naturaleza. Y es que solo las almas cándidas saben sentir la felicidad con las cosas pequeñas, como cuando mira al cielo y sonríe ante una gran nube que asemeja un algodón de azúcar y recuerda a sus hijos en las fiestas, cuando iban con las manitas pegajosas, arrancando trozos de esa espumosa maraña de hebras dulces en torno a un palo. Y sus recuerdos van y vienen de forma aleatoria, y es feliz, porque está vivo y eso es muy grande.

Al llegar junto al camino que le lleva de vuelta a su casa, se vuelve para ver  sus huellas y  despedirse de  ese mar que le arrulla en su soledad. 



Este relato es una reedición, lo tengo publicado en el blog con la etiqueta de Relatos y el título Paseando recuerdos, pero sé que l@s juever@s, salvo un par de ellas, no lo han leído así que he aprovechado el tema para que lo conozcáis. 

Nos leemos en Letra a letra, paso a paso...




lunes, 1 de septiembre de 2014

PALABRA 36 DE 52: CONTANDO LAS SEMANAS




La palabra propuesta para esta semana es VENTANA

Sobre el alféizar de la polvorienta ventana quedaron las agujas de tricotar clavadas en un ovillo que una vez fue blanco, un trozo de tejido colgaba de ellas. Al lado un viejo marco apolillado mostraba la imagen ya borrosa de dos personas, un hombre y una mujer. Ella posaba coqueta mientras él la miraba embelesado cogido de su mano.Tras los cristales soplaba un viento frío que hacía golpear las ramas del limonero contra los cristales. Los visillos amarillentos por el paso del tiempo y  raídos por el sol estaban apenas cogidos del gusanillo que los sostenía y caían ajados sobre  una vieja caja de metal y las desgastadas tapas de un abandonado libro. 
Un sonido agudo entraba por las rendijas del marco que las lluvias y el sol habían resquebrajado y el mayido de un gato inexistente resonaba en el patio que una vez fue un paraíso de verdor y colores. La casa había sido abandonada muchos años atrás y en ella quedaron las almas de sus moradores que quizá tuvieron una vida feliz. 




miércoles, 27 de agosto de 2014

ESTE JUEVES: ROBOS




Campamento de gitanos con carromatos, 1888, Vincent van Gogh

Estaba aburrida de dar vueltas y vueltas sin llegar a ningún sitio, el paisaje siempre el mismo, su mirada fija adelante para que ni siquiera de reojo pudiera conocer otro mundo que el que habían decidido para ella. De pequeña pudo trotar por los campos y de jovencita su dueño la llevaba orgulloso a las muestras de ganado que se hacían en las plazas de los pueblos cercanos pero desde que se hizo mayor había perdido parte de su belleza de juventud, su pelo había mermado brillo ya no reflejaba irisado, sus ojos perdieron viveza y sus salidas se fueron distanciando hasta acabarse por completo, desde entonces está subyugada a la noria siguiendo ese sendero fijo por el que gira siguiendo el ritmo del sol. Al anochecer es liberada de sus cadenas para que pueda descansar y alimentarse.
Una tarde llegaron al pueblo unos carromatos que sonaban al rodar a campanillas y panderetas, era un derroche de alegría la que se observaba a su alrededor, mujeres vestidas de luminosos colores y niños felices que correteaban entre los carros y jugaban con los caballos, yeguas y perros que los acompañaban. Al anochecer encendieron hogueras y después de comer y beber bailaron y cantaron al son de guitarras y castañuelas. Ella estaba embrujada con aquel despliegue de entusiasmo, se veían dichosos y lo mejor de todo es que eran libres para viajar por todo el mundo. Se fue acercando con sigilo hasta los árboles cercanos al campamento y quedó prendada de un caballo zaino que relinchaba atraído por el olor de la curiosa yegua alazana. - ¿Quién eres princesa?, te husmeo pero no logro verte. Acércate que te vea, no seas tímida.
Ella fue despacio hacia el apuesto corcel y se dejó querer, juntos miraron la luna plateada que reflejaba sobre el arrollo y las estrellas parecían titilar con más brío que otras noches.
Al amanecer despertaron alertados por el sonido de los cacharros y la algarabía de los chiquillos. 
-Vente conmigo princesa, te enseñaré el mundo entero. No pierdas esta oportunidad de dejar para siempre ese surco que coarta tus pasos y limita tus horizontes. Te llevaré a la India de donde proceden estas gentes que nos protegen y verás Europa entera. 
Cuando el campesino fue a buscar la yegua maldijo su mala suerte, los gitanos se la habían robado, su querida yegua, aquella que él tanto había cuidado y a la que necesitaba para seguir sacando agua de la aljibe para regar sus campos.





lunes, 25 de agosto de 2014

PALABRA 35 DE 52: CONTANDO LAS SEMANAS




Esta semana toca hablar de la LLUVIA


La montera del patio amplificaba el goteo incesante que durante la madrugada la había despertado. Acurrucada entre las sábanas acudió a su pensamiento la tristeza que tantas veces la embargaba, su vida era rutinaria, de horas muertas tras los cristales de su cierro de visillos ajados de tanto tocarlos para asomarse a ver si la vida fuera seguía siendo igual de monótona que dentro, esperaba que alguna vez al apartar aquella tela la calle de toda su vida se hubiera transformado en un escenario diferente donde los sueños tenían la posibilidad de hacerse realidad, donde los deseos con solo pensarlos se cumplían, donde la vida era una constante caja de sorpresas. ¡Cuántas imágenes trajo a su mente aquella pertinaz lluvia!




jueves, 21 de agosto de 2014

ESTE JUEVES: LA FOTO DE MI VIDA




No podía dejar pasar la convocatoria de este jueves teniendo en cuenta que mi casa, ésta en la que los jueveros nos encontramos cada semana lleva por nombre Mi Blog de Fotos.
Todos conocéis mi afición por la fotografía aunque solo soy una aprendiza de fotógrafa. Era ineluctable que mis pasos en busca de los temas fotografiados me llevaran hasta las imágenes de Sancti Petri, el lugar que, aparte de la Isla donde vivo, más veces ha sido el punto de mira de mi objetivo. También sabéis que mi URL es Playa del Castillo, una línea de costa de arenas rubias y aguas templadas que une mi Isla con las tierras del Castillo de Sancti Petri, donde la leyenda cuenta que estuvo el Templo de Hércules, hoy día un templo bajo el mar sobre el que está asentado el actual castillo donde se encuentra la torre del faro del que tanto me habéis oído hablar. Era pues ineludible mi cita con esta propuesta y he venido acompañada por la imagen de mi templo y por el fornido semidios que se encuentra a la entrada del poblado señalando hacia el "non plus ultra", allí donde había que parar, donde las tierras de Europa y África estuvieron en contacto hasta que llegó él, tras atravesar el desierto libio, y con su poderosa fuerza las separó formando el Estrecho de Gibraltar, quedando sus columnas situadas una sobre el peñón de Gibraltar y la otra en el monte Hacho de Ceuta, o según otras versiones en el monte Musa de Marruecos.
Hércules tuvo que venir a la isla de Eriteia para cumplir con el décimo de sus trabajos impuestos por la sibila del Oráculo de Delfos por haber matado en un ataque de locura a su mujer, hijos y sobrinos. Debía robar el ganado de Gerión que vivía en esta isla, más allá de las columnas de Hércules, ya en el Océano.
Pero  lo que más me emociona cuando voy al Castillo de Sancti Petri o camino por las calles de su poblado es pensar que mis antepasados, mi abuelo como farero y su familia, entre los que se encuentra mi madre, estuvieron allí viviendo muchos años. Siento el castillo como algo mío, forma parte de mi vida como uno de los sitios que más felicidad me han proporcionado.
Lo he fotografiado miles de veces y siempre encuentro una nueva imagen que me invita a inmortalizarla. 




En cuanto mi cuerpo volvió a recuperar sus fuerza, mi mente dejó a un lado el padecimiento y la vida volvió a mí con más ganas que nunca me fui a pasear por mi castillo a encontrarme con mis raíces y a dar gracias a los dioses que eligieron éste lugar.


HABLANDO DE FOTOS... La Plaza del Diamante de Alfredo