lunes, 19 de diciembre de 2016

ENTRE LÍNEAS





Un bosque de árboles desnudos como esperpénticos cuerpos cadavéricos, estaba siendo devorado por una tenue neblina, un celaje vaporoso que descendía sobre el terreno desdibujando las formas. Desde una ventana de la mansión que albergaba el orfelinato Celia contemplaba aquel paisaje envuelto en tinieblas, no conocía otro mundo. Desde que fue trasladada a este lugar tras su desafortunado nacimiento, la joven no había traspasado la frontera más allá de lo que alcanza la mirada. Celia languidecía de tristeza entre aquellos muros húmedos, sin el calor de una familia, sin la oportunidad de salir de su monótona rutina. Celia sentía una curiosidad infinita por conocer otras realidades que no fueran la suya, tan solitaria y falta de comunicación con el exterior que imaginaba lleno de  aventuras. Cuando la muchacha descubrió lo que esconden los libros,  encontró la forma de salir de su limitado universo y cruzar a otra dimensión que se le hacía más real a medida que iba sumergiéndose en el mundo de las palabras. Celia entraba de puntillas en las páginas entintadas y paseaba silenciosa entre líneas, trataba de hacerse un hueco entre los personajes que las poblaban sin alterar sus vidas. En cuanto atardecía, terminadas las faenas impuestas, la voraz lectora lograba salirse del mundo gris para cruzar un arcoíris de sensaciones. Era la magia de los libros y el abrazo de las letras que en ellos se disponían de diferentes formas, conjugándose de maneras distintas creando con cada una de ellas  nuevas historias. Celia disfrutaba siendo la observadora cercana de acontecimientos ocurridos a través del tiempo, entraba en fiestas organizadas en grandes palacios, lloraba junto a una madre que despedía a un hijo, acompañaba a los exploradores por tierras extrañas, navegaba en hermosos veleros por mares lejanos, y cada noche al cerrar las tapas de un libro cerraba los ojos agradecida por todas las posibilidades que éstos le brindaban.



3 comentarios:

Ester dijo...

Los libros nos permiten vivir mil vidas, nos conceden la libertad de volar sin movernos de nuestro confinamiento. Un abrazo

Manolo Ruiz dijo...

Leonor sabe llevarnos a una situación donde la lectura se convierte en algo que ayuda a vivir.
Pero eso mismo ocurre siempre, cuando se leen cosas tan bien escritas como ella lo hace.

Carmen Rubio dijo...

Escapar en los libros. Muy bonito, Leonor.