jueves, 8 de diciembre de 2016

ALEGRE NOCHEBUENA






En un rincón dentro de la despensa, esperaba que su presencia fuera requerida para intervenir en la fiesta. Sabía que su papel en aquella función era importante. Fuera, ya se oía el sonido de panderetas y zambombas y la cocina se iba inundando del aroma penetrante de la canela, la miel y la matalauva. El ambiente festivo de este día iba alcanzando su cenit con el enmelado de los pestiños. Los lebrillos repletos de tortas y roscos se disponían por cualquier lugar de la cocina. El olor de las naranjas agrias continuaba impregnado en las manos de la abuela que se encontraba eufórica viendo trabajar con destreza a su prole. La vieja se dirigió a la despensa y alargando el brazo la asió por el cuello y la sacó de su escondite. Era su momento. Era el momento de llenar de alegría aquella estancia y cuando la mujer restregó una cuchara por su cuerpo, todos se pusieron a cantar alborozados y la botella de anís se sintió un año más la protagonista de aquel instante. Había merecido la pena esperar sabiendo que su sueño se cumpliría y que gracias a ella, en aquella cocina se armaría de nuevo el belén.






4 comentarios:

Ester dijo...

Como pasa el tiempo, hoy celebramos La Purísima Concepción y la Nochebuena ya llama a la puerta. Un abrazo

Tracy dijo...

Una escena muy común en las Nochebuenas de casa de la abuela, pero aún hoy sigue siendo, sino protagonista, coprotagonista.

Juan L. Trujillo dijo...

Recuerdo la compra del pandero y la zambomba, calentando y dando ajo a la piel de ambos instrumentos, hasta que el sonido nos resultaba lo suficientemente "ronco" y el contrapunto un poco chillón de la botella de Anís del Mono, rascada por la cuchara... y empezaba a armarse una "marimorena" que llegaba hasta las claridades somnolientas del día 25.
Pero eso se acabó. Las zambombas las venden en los chinos, los "gin-tonic" no se envasan en botellas y el Anís del Mono "no se estila".
Y nos han acostumbrado a tantos indeseables "pestiños", que han terminado por atragantarnos.
Muy buen relato, como siempre muy cercano a mis juveniles vivencias.
Un beso.

manuel ruiz dijo...

Leer ese comentario hace añorar momentos imborrables de las fiestas navideñas.
Huele a tortas y suenan villancicos, siempre relacionados con la presencia de una simple botella de anís.
Emociona seguir los recuerdos que Leonor nos ha hecho seguir de una forma tan amena y cercana.