martes, 21 de agosto de 2012

ESTE JUEVES: Inspirada en una taza de café





   La taza quedó abandonada sobre la mesa. La espuma de leche formó una costra seca sobre las paredes de cerámica y el morado dibujo estampado de la Arena de Verona perdió el calor que momentos antes le había transmitido el humeante caffè con latte. ¡Qué lejos quedan aquellos viajes a Italia!, y qué borrosos. Quizá sólo fueron sueños. 
   El ordenador oscureció la pantalla y se oyó el gemido ahogado de la ausencia. Nunca se había sentido tan pesarosa. Se asomó a la ventana. Afuera el frío se adivinaba por la postura encogida de aquellos que se habían atrevido a salir a las calles. Una pareja de jóvenes intrépidos paseaba bajo la helada noche. Cada varios metros se detenían a besarse. Luego sin dejar de mirarse continuaban su camino envueltos en un halo de inocente amor. Enfrente una anciana regaba las plantas de la terraza ajena al peligro que la amenazaba saliendo al exterior sin más ropa que un ajado camisón de algodón. - ¡Vieja loca!, pensó, y volvió a su aletargamiento.  Se echó una manta sobre los hombros y sentada en el borde de la cama  estudió la imagen que se reflejaba en el espejo frente a ella. -¡Vieja loca!, pensó de nuevo, esta vez dirigiéndose a aquella mujer que la miraba. 
   Hubo noches en que aquel espejo reflejó besos, caricias, suspiros, manos ávidas de carne sudorosa, miradas lujuriosas que rebotaban en el cristal y penetraban en los cuerpos entrelazados. Hoy refleja soledad y tristeza. Mirando al fondo de aquellas pupilas opacas se sintió cansada, se recostó de lado encogiendo las piernas para arroparse mejor y se quedó dormida.
   Al despertar la habitación había sido invadida por una luz deslumbrante, rayos luminosos partían del fondo del espejo, reverberaban en los vidrios de las ventanas y en el cristal de la mesa. El ordenador se iluminó llamando su atención y un hialino humo comenzó a elevarse desde la taza estampada. 
  -¡Vieja loca!, pensó. - Se va a enfriar el caffè.    Abrigó la taza con sus manos para sentir el reconfortante calor y se asomó a la ventana. El día prometía ser espléndido y ella se sintió feliz.
   



21 comentarios:

Juan Carlos dijo...

Historia de vejez, soledad, de recuerdo de mejores tiempos en que la cascarrabias protagonista fue feliz. Y lo sabe.
Un relato perfecto sobre esa envidia a la edad y a la falta de complejos que la vida nos hace sentir.
Beso, amiga.

Natàlia Tàrraco dijo...

Lo que se evoca y se ve a partir de esa taza italiana, se asoma la vida y el espejo, se riega la melancolía, pero mañana será otro
café latte, tal vez macchiato con gotas de curiosidad aunque el espejo refleje tiempo arrugado.

Me han gustado esa taza y esas letras olorosas e intensas.

Luis Rodriguez dijo...

Partió al lugar donde era feliz, ese nuevo día lleno de esplendor y el café que siempre la esperó. En el relato se refleja muy bien esa tristeza, esa postergada felicidad. Saludos

Matices dijo...

La tristeza ante el espejo, los recuerdos en la memoria navegando sin rumbo... la vejez, que nos cuenta que los años pasan... y el despertar hacia la aceptación ante un nuevo futuro, el propio...
Bonita cadencia la de tu relato

Besos

casss dijo...

La esperanza abriendose paso entre el humo del café caliente.
Aquí hay un conocido médico que ha escrito "Tómate un café contigo mismo". Me lo recordó esta "vieja loca", que somos todos!!!


Besos jueveros.

H. Fraile dijo...

Estupendo relato y vivencias junto a una taza de buen café.
Un abrazo.

mariajesusparadela dijo...

Yo soy una vieja loca, pero le di la vuelta a la historia.

Juji dijo...

Tanta soledad, Leonor, pero al final, el sol volvía a brillar... a veces no es la vejez o la soledad, sino el estado de ánimo que dejamos que nos domine. Bellísima historia.
Un fuerte abrazo.

Mari Carmen Polo dijo...

Una bonita historia con un punto de tristeza, Leonor, porque todos tenemos a la soledad, a la vejez, y pensamos en ello a menudo, sobre todo cuando nos vamos haciendo mayores,pero hay que sobreponerse a ello, en la medida de lo posible: mientras hay vida, puede y debe haber ilusiones, y hay lugar para la felicidad.

Un abrazo y espero que tengas un buen día.

Marta C. dijo...

El más mínimo detalle, un objeto, un olor, un sabor puede tener la evocación de un instante o el de toda una vida. Mirarse después al espejo puede ser muy duro. Bonita historia, Leo. Besos

Cristina Piñar dijo...

Te ha quedado una historia preciosa cargada de melancolía y algo de tristeza por el reflejo del paso del tiempo en el espejo y en lo que no es el espejo. Al menos, a esa "vieja loca" le quedan los bellos recuerdos de toda una vida. Un beso.

Valaf dijo...

Dicen que somos memoria. Ahora imagina que esa memoria se pudiera guardar, como las esencias, en pequeños frasquitos, bueno, o en el aroma de una buena taza de café.

Un beso

G a b y* dijo...

Nostalgia y melancolía, vertidos a partir de una taza de café y recuerdos que como el humo ascendieron para impregnar la memoria. A veces la soledad o las ausencias colaboran, pero no por ello debemos dejar de ver el sol que afuera viene cargando promesas.
Muy buen relato, con mucha sensibilidad.
Besos al vuelo!
Gaby*

Teresa Oteo dijo...

Triste y nostálgica la historia de "tu vieja loca" pero ahí está esa taza de café que nos hace rejuvenecer o, por lo menos, nos anima siempre.
Un beso.

rosa_desastre dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
rosa_desastre dijo...

Siempre hay un espejo delator del tiempo pasado, siempre, detras del humo, el sabor y el calor de los recuerdos. Huele bien tu cafe.
Un beso

Esilleviana dijo...

Aunque todas/os tengamos nuestros momentos de "vieja loca", lo que más me agradó de tu texto tan bien escrito es saber que al día siguiente la luz del sol se reflejará en el cristal de la mesa, encenderá el ordenador y calentará el café de la bonita taza italiana.

Un abrazo

Pepe dijo...

Contraste entre la juventud de los jóvenes que sin miedo al frío se manifestaban a cada trecho amor y el de las dos "viejas locas". Cruel certidumbre ante la realidad reflejada por el espejo. Nostalgia de un tiempo y unos acontecimientos que pertenecen irremisiblemente al pasado y un atisbo de esperanza en ese despertar a un día nuevo que se promete esplendoroso.
Me ha encantado tu historia, Leonor.

San dijo...

Y a pesar de esos instantes, el dia nace de nuevo y la vida comienza. Melancolica que se toca entre los recuerdos vividos..
Besos.

Sindel dijo...

Una taza de café que dice tantas cosas, un relato que emana melancolía pero sobre el final encierra una esperanza.
Me encantó Leonor.
Un besote.

ana dijo...

Una taza que cuenta mil historias de amor y de viejas locas. Al día siguiente todo vuelve a comenzar con un buen café.

Un saludo.