jueves, 9 de agosto de 2012

ESTE JUEVES: AQUELLOS LARGOS VERANOS






  ¿Qué ha pasado con aquellos largos veranos?. 
   Cuando era una niña las vacaciones del verano eran infinitas, acababa teniendo ganas de volver al colegio porque ya me empezaba a aburrir de tanto ocio. Entonces no se iba de viaje a lugares famosos y lejanos, sólo íbamos a las playas  cercanas y por las noches al cine de verano, con la cena a cuestas y la cantimplora de agua para no engolliparnos con la bola pastosa de las yemas de los huevos duros. Era como una excursión nocturna. 
   Mi tío Antonio, que era capitán del Ejército de Tierra, vivía en los pabellones militares junto a la playa de la Caleta en Cádiz, allí pasé muchos días felices con mis primas. 
   Todas las mañanas desayunábamos pan tostado con tocino del puchero de la cena anterior, porque todas las noches se cenaba un plato de sopa aunque hiciera un calor del demonio. Luego nos bajábamos a la playa que estaba al cruzar la calle y entre chapuzones y ahogadillas, saltos sobre las olas y castillos de arena íbamos pasando las horas, sólo nos preocupaban nuestros pies cuando andábamos descalzos sobre las rocas en busca de burgaíllos, caracoles y escurridizos camarones. 
  Cuando subíamos a la casa ya estaba el baño preparado con agua fresca para quitarnos la sal. Una pastilla de jabón Heno de Pravia pasaba de mano en mano saliendo disparado muchas veces hasta el pasillo, con la consiguiente regañina, a la que, la buena de mi tía Isabel, era incapaz de dar un tono realmente serio.
  Luego todos alrededor de una gran mesa en la cocina nos disponíamos   a reponer fuerzas siempre con nuestro refresco de naranja de La Revoltosa. Recuerdo una vez que ibamos a comernos unos huevos fritos cuando llegó de la playa mi primo Manolo, uno de los mayores y un guasón de mucho cuidado, entró en la cocina y con los dedos como las pinzas de un cangrejo violinista, fue cogiendo los huevos de todos los platos y comiéndoselos de un bocado. Se armó la marimorena, todos chillando y mi tía con la zapatilla en la mano corriendo detrás de él.
   Cuando empezaba a atardecer bajábamos a comprar pipas para ver la película del cine Caleta que teníamos la suerte de tener frente a la terraza de la casa. Así que tras la cena, con el regusto de la hierbabuena aún en la garganta, ya estábamos todos sentados en nuestro sitio esperando el comienzo de los anuncios para ver que nos tocaba, éste para ti, el próximo para mí, y el siguiente para Maite, y se formaba  una algarabía con cada anuncio que aparecía. Ya cuando empezaba la película guardábamos un poco de silencio.
  Cuando terminaba la primera proyección todos a la cama porque la segunda era para los mayores que apenas le prestaban atención porque preferían hablar de sus cosas, despreocupados de tanto crío y finalizado el trabajo del día.
   Para mí eran largos días, y largas semanas y largos meses, deseando al final que llegara el día de recoger los libros para el curso que empezaba y meter entre sus hojas la nariz para aspirar su olor a libro nuevo.




20 comentarios:

ana dijo...

Cuando somos pequeños, las horas parecen más largas, y la vida. Comparto contigo algunos recuerdos, son parecidos a los míos, el jabón Heno de Pravia, las camtimploras de las excursiones, lo eterno del verano, pero sin playa. Me gustan tus recuerdos.

Un abrazo.

Natàlia Tàrraco dijo...

El largo y calido verano, título de una peli, creo, en el cine de verano, era gaseosa, era tortilla de patatas, era muy parecido mi verano de entonces, Heno de Pravia, ese aroma indeleble, como si lo oliera, como si regresara contigo a aquellos veranos de yodo con ganas de comparme lapices El Pino de doce colores.

Hermosa evocación Leonor, queda para siempre. Besito aún con yodo.

Teresa Oteo dijo...

Qué bonitos recuerdos! yo de pequeña también tenía ganas de volver al colegio, ahora, de mayor y de profe, la verdad es que ninguna jajaja
Recuerdo el heno de Pravia, la cantimplora y el cine de verano pero me hubiera gustado tener playa y pueblo donde ir.
Un beso.

Neogéminis dijo...

Qué entrañables recuerdos!...se ve que en esos días eran las cosas simples las que más nos hacían felices, porque todos -al menos la mayoría- evocamos pequeños detalles y no grandes lujos cuando caemos en brazos de la nostalgia de nuestros primeros años!
Ha sido un placer compartir la arena de tus lejanos recuerdos veraniegos!

Carmen Andújar dijo...

MI querida Leonor, que bien has explicado tus momentos infantiles.Nos haces transportarnos en el tiempo a esos lugares que tan bien describes, y a lo bien que te lo pasabas. Si, es verdad, al final nos aburríamos, pero ahora chica eso no pasa te lo puedo asegurar, no se aburren y no tienen ganas de volver.
Un abrazo

Maria Liberona dijo...

que bellos recuerdos, muy familiares y en buena compañia, que bien

Juan Carlos dijo...

Bonitos recuerdos, coincido en algunos, como esa larguísimas vacaciones y las ganas de volver al colegio. Esa infancia que nos tocó tenía mucho encanto, sin tantas limitaciones como se imponen ahora a los niños.
Besos.

Marta C. dijo...

Hemos coincidido en los recuerdos de nuestra infancia que suelen ser los más bonitos, los que tenemos más idealizados. Esos veranos eternos de los que hablas eran una maravilla. Qué largo se hace el tiempo de los niños y que corto nos parece ahora.
Besos.

G a b y* dijo...

Cuántos recuerdos Leonor! Tener en la mente tan vívida cada instancia, olores, colores, y todo ese dinamismo que impone la infancia. De alguna manera, de tu mano, me he retrotraído en el tiempo y pasé de mis jazmines olorosos, a las largas jornadas en la playa en Parque del Plata junto a mis abuelos.
Nos ponemos algo melancólicas con estas evocaciones, pero que bello es poder compartirlo!
Un beso al vuelo:
Gaby*

Cecy dijo...

Que cierto es, los veranos eran mucho mas largos, como sus días. Y de ellos todos los recuerdos, juegos, primos y comida. Hasta puedo sentir el olor a la sal.
Precioso recuerdo.

Un abrazo.

casss dijo...

Veranos largos en casa de tíos o abuelos que vivían lejos... Un buen homenaje, a un tiempo que se lo merece.


Cariños jueveros!

Any dijo...

Que largas eran antes las vacaciones y que bien lo pasábamos eh?
A mi también me produce nostalgia pensar en esos días de verano en el río o en la pileta de lona que armábamos en el patio. Con que poco lo pasábamos bien!
Me hubiera encantado tener tres meses de mar y playa como vos, y comer golosinas en el cine bajo las estrellas. Son recuerdos imborrables seguramente.
un abrazo

maria jose Moreno dijo...

Que bien lo he pasado leyendo porque eran casi mis recuerdos, aunque los mios no eran en la playa sino en las calles de mi córdoba calurosa, en la que jugabamos todo el día y hasta latas horas de la noche. Huelo ese jabón, y saboreo esas pipas, es más desde la terraza de mi casa tambien veiamos un poquito el cine de verano y lo que no veiamos no lo imaginábamos. Me encanto y me devolvio a la niñez. Un beso y gracias por participar.

javier dijo...

qué experiencias tan maravillosas, cómo quedan anclados para siempre esos años, esos veranos, esos lugares. Precioso

San dijo...

Algunos de tus recuerdos parecen mios, ese cine de verano, esas pipas, ese reparto de anuncios y ese jabón heno de previa mmmm! Bueno no olvidar esos días.
Un abazo.

Matices dijo...

Me encantan estos recuerdos, me recuerdan mis veranos, con los primos... y las horas interminables en la playa jugando...
jaja, el cine de verano.

Besos

Mari Carmen Polo dijo...

Querida Leonor, algo parecido eran nuestros veranos, largos como un día sin pan, con siestas que nadie quería dormir, con un calor pegajoso que te empapaba y no había manera de quitarte de encima. Pero todo valía la pena en cuanto enfilábamos para la playa, cuando teníamos la suerte de ir a Motril. Eran días gloriosos que nunca olvidaré: el pescado asado, los chapuzones, el agua dulce para quitarte la sal del mar, la Casera que acompañaba las migas y el pulpo asado... Ay, tu relato me ha transportado de nuevo a aquellos años mágicos de mi niñez.

Un beso.

Sindel dijo...

Qué lindos recuerdos de la niñez, una época que pasa tan rápido y que después se añora tanto.
Un abrazo enorme.

censurasigloXXI dijo...

Todavía me acuerdo de la lata que daba a mi madre en la hora de la digestión de mediodía, pidiendo cada dos segundos permiso para bañarme ¡¡¡el tiempo no pasaba nunca!!!!

Un beso, compi.

Maty dijo...
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