La mujer entró lentamente en la negrura de aquel espacio amenazador, respiró el olor húmedo de las zonas sombrías y respiró asqueada un aroma de descomposición y pudrimiento. Avanzó tanteando con miedo las paredes de las que colgaban hierbajos y telas de araña pegajosas, bajo sus pisadas notaba un suelo fangoso que intuía poblado de miles de criaturas sin ojos, vividores de las oscuridades, seres del inframundo, rastreros bichos devoradores de excrementos y podredura. Sus pies resbalaban y tenía que apoyar sus manos aunque el miedo a lo que pudiera tocar le atenazara la garganta y engarrotara sus dedos, no quería caer en aquel suelo repugnante del que ya no podría levantarse, debía seguir hasta el fondo, tenía que hallar la salida de aquel inmundo lugar. Todo estaba completamente negro y era incapaz de determinar el tiempo que llevaba inmersa en aquel túnel nauseabundo.
Pasaban horas, quizá días y no veía luz alguna que guiara sus pasos. Aquella situación no era nueva, otros túneles habían precedido al actual y de todos había salido, no tenía que ser diferente esta vez. Lejos, muy lejos creyó oír una voz que la llamaba y tuvo un atisbo de esperanza, quizá ya estuviera cerca del final, quizá esa voz lograría guiar sus pasos a la salida. Continuó caminando con precaución, pensando en cada movimiento que hacía pero con el ánimo de que el final estaba cerca. La voz cada vez era más nítida.
Oscuro túnel
entre sombras y luces
corre la vida







