martes, 1 de noviembre de 2016

CONTANDO LAS SEMANAS




Semana 44 inspirados en la palabra Pasajeros

Mi tío Juan, hermano de mi abuelo, era el jefe de estación de ferrocarriles de Jerez de la Frontera. Yo era aún muy pequeña cuando ya tenía la misión de acompañar a mi tía Isabel en casi todas sus salidas. Con ella visitaba a mis tíos y primos que vivían en Cádiz, a unas primas que tenían su casa en Puerto Real y alguna vez fuimos a Jerez y entrábamos en la estación a saludar a su tío. Para pasar al andén había que pagar un billete pero ella se acercaba al que controlaba la entrada y le decía que iba a ver a Don Juan Ramírez. Era nombrarlo y se nos abrían todas las puertas. Me gustaba verlo con su uniforme y la gorra. Era alto y risueño, muy distinto a mi abuelo que era bajito y de carácter serio. Las estaciones antiguas tenían algo de magia, el sonido de los trenes al emprender la marcha o al frenar con ese silbido de vapor que lo envolvía todo en una nube grisácea, la campana que tocaba anunciando la próxima partida y la voz potente de un empleado avisando que la salida era inminente: "Paaaaasajeros al tren". Luego un movimiento de farol era la señal al maquinista para que pusiera en marcha aquella pesada máquina cuyas ruedas formaban un entramado laberinto que fascinaba mis ojos curiosos ávidos de aprenderlo todo. Y comenzaba ese chucuchú lento que iba aumentando a medida que los vagones se iban alejando de la estación por el camino de hierro que le obligaba a seguir el rumbo marcado. Chucuchú, chucuchú, chucuchú, mientras la sirena gritaba alegre que ya estaban en marcha y mi mano pequeña se despedía de aquel férreo gigante que se perdía a lo lejos. 










10 comentarios:

Ester dijo...

Una historia entrañable, aquellas estaciones donde se podía soñar, imaginar y aun viajar con el pensamiento. Un abrazuco

manolo ruiz dijo...

Qué precioso recuerdo.
Y qué bien contado.
Una maravilla.

Sindel Avefénix dijo...

Una hermosa historia! Me hizo sentir que estaba allí, moviendo mi brazo para despedir a los pasajeros y escuchando el ruido del tren. Me encantó.
Un beso.

Musa dijo...

Bello y emotivo recuerdo, preciosa entrada.
Un saludo.

Montserrat Sala dijo...

Hola Leonor: una Hhistoria preciosa,esta de tu infancia. Que bonito era pasarse un rato por estación y ver transitar por ella a viajeros de todas las edades y condiciones.
me ha encantado, tu escrio y la forma de explicarlo. Un beso grande y cariñoso.

Juan L. Trujillo dijo...

Las estaciones de ahora, no son iguales que las que tu tan sabiamente describes, ni siquiera nosotros somos iguales.
Aquellos pañuelos que se transmutaban en pájaros de despedidas, no pueden ser sustituidos por "klinex" asépticos, incapaces de conservar lágrimas.
Un beso.

Tracy dijo...

Pasó el tiempo de los viajes románticos...

Ilesin dijo...

Una historia muy bella y entrañable.
Besos

Alma Baires dijo...

Con tus letras he podido ver exactamente la escena... y ha sido un viaje encantador, gracias.

Un beso.

Jenofonte dijo...

Recuerdo esos tiempos, y esas estaciones. Era toda una atmósfera la que se creaba en las estaciones, tanto que había gente que iba a las estaciones tan solo a eso, a ver partir los trenes. Creo que parte de la magia era que se podían abrir las ventanillas para despedirse, ¿cómo sacar la mano ahora, para decir adiós, desde el avión?