domingo, 23 de octubre de 2016

IMAGEN INSPIRADORA




Había dos amigos que vivían en el mismo pueblo. Era un pueblo pequeño, de apenas un centenar de vecinos que se desvivían por tenerlo siempre bien limpio, con las paredes relucientes por la cal que según los antiguos es lo mejor para dar blancura y al mismo tiempo desinfectar. Los muchachos habían sido compañeros desde siempre, habían nacido el mismo año, el mismo mes y hasta el mismo día.  Se criaron juntos, juntos dieron sus primeros pasos alrededor de sus madres que bajaban a lavar al río, y juntos aprendieron sus primeras palabras, algunas que solo ellos eran capaces de entender. Sus casas estaban una a cada lado de la iglesia y a ambos les atraía tanto el sonido de las campanas que se hicieron monaguillos para poder subir al campanario y poner su mano sobre el bronce que les transmitía una especie de calambrazo. Sin embargo, y a pesar de todo lo que tenían en común, eran muy diferentes, y aunque los dos eran de piel blanquecina, uno tenía el pelo rojizo, color que se intensificaba con el calor del verano, y el otro era rubio platinado, llegando a ser casi dorado a la luz del sol.  Pero lo que más los diferenciaba era su forma de ser, uno era dulce en el trato y tranquilo en sus acciones, mientras que el otro siempre fue nervioso y de carácter agrio. Para todos fue como un milagro que en la esquina de la iglesia, a medio camino entre las casas de los dos amigos, y junto a un banco donde solían quedar los muchachos, creciera un árbol del que brotaban dos ramajes ahorquillados, dando a un lado naranjas y limones al otro lado. Los vecinos acabaron llamándolo el árbol de los monaguillos porque al ver a los chiquillos bajo sus ramas parecía que acabaran de desprenderse de las mismas.



 Relato inspirado en una imagen propuesta por Carmen Utrera. Trabajo para la Tertulia Rayuela.




7 comentarios:

Manuel Cubero dijo...

Vale, Leonor. Me encantó

Fernando De Arnáiz Núñez dijo...

Muy ingenioso, me encantó, y siempre lleno de una pizca de gracejo muy tuyo y muy andaluz !

Gracias Leonor !!!

fernando

manuel ruiz dijo...

Una bonita historia, que acaba con una cierta sorpresa, reflejada en ese árbol que se presenta dividido, en una especie de reparto de su oferta, que obliga a pensar en lo que la autora intenta decirnos con esa descripción, tan interesante.

Tracy dijo...

Muy tierno, muy tierno.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

jaja qué linda historia!
=)

Juan L. Trujillo dijo...

Preciosa y conmovedora historia, perfectamente narrada.
Un beso.

Montserrat Sala dijo...

Me Ha gustado tu história,Leonor. Esta imagen que tan bién te ha inspirado, la tenia un hermano mio en su casa. Por sin tan hermoso relato. El ctruco lo tenia un buén agricultor que con sus esquejes coseguia cosas muy raras. Logro para mi hermano, que un ciruelo diese la mitad ciruelas amarillas y el otro rojas.Increible!!!