miércoles, 8 de abril de 2015

ESTE JUEVES: EL JARDÍN




En las noches de luna llena un reflejo se desplaza entre los macizos floridos, una fugaz  y etérea luminiscencia que durante unas horas se deja ver para perderse luego en la oscuridad del jardín.  Él sabe que permanece agazapada entre la vegetación y que su esencia nunca abandonará este lugar.
Las horas que el jardinero dedica a sus árboles y plantas se ven recompensadas con la belleza que éstos le prodigan, no hay día en que no se abran  flores de alguno de los bulbos que durante en invierno han esperado la llegada de la primavera y los arriates están plenos de bellísimas flores. El jardín se va convirtiendo en una inmensa paleta de color y todos los días elige para ella de entre las flores las más hermosas. Ni los jardines de Babilonia fueron cuidados con tanto amor.
 Durante el trabajo, el jardinero siente su presencia, oye su risa tras los rosales y los setos, la imagina alrededor de los frutales buscando frutas maduras y a veces una suave brisa le hace estremecerse sintiendo que ella roza sus manos mientras desbroza, planta, siembra y, de vez en cuando,  cerrando los ojos  puede sentir un dulce beso sobre sus labios, es tan real que alarga sus brazos para atraparla pero al abrirlos ya se ha esfumado y nuevamente la oye deambular entre las flores y jugar entre los nectarinos y los almendros. Sabe que le gusta  acercarse al estanque de los nenúfares donde observa embelesada el nadar  monótono de las carpas.
Cuando en los atardeceres riega sabe que la volverá a oír alegre tras los macizos de flores, huyendo como una niña traviesa de las gotas de agua que le salpican y él se deleita intentando descubrir en qué rincón se ha escondido. Es un juego de almas  en un intento de fundirse.
Al llegar la noche siente que su presencia sigue en el jardín y se asoma a la ventana para verla aparecer y desvanecerse por diferentes rincones, sutil e impalpable,  una volátil sombra iluminada por plateados rayos de luna, una ilusión.  La quisiera alcanzar pero sabe que las almas son etéreas y se le escaparía de las manos  como se escapan los sueños al despertar.
Y se duerme esperanzado porque aunque ella se escapa entre las sombras de la noche sabe que su esencia permanece por siempre en el jardín.





8 comentarios:

Azulia PourToujours dijo...

Bonito relato Leonor. Que ella siga presenta cuidando su jardín... que él pueda verla... que su esencia permanezca ahí.

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

¿Quien es ella? Es una curiosidad que despierta tu relato.

Carmen Andújar dijo...

Ella y su recuerdo parece que se quedó en ese jardín. Parece que a él le reconforta pasearse y cuidar el jardín que compartió con ella.
Un abrazo

José Vte. dijo...

Una Ninfa jugueteando por el jardín y un jardinero que suspira con encontrarla y que se esmera por manterlo cuidado y bello, generando con su dedicación armonía y color.
Que cuento más romántico y hermoso has contado Leonor. Me encantó por lo inocencia que inspira.

Nos vemos en Aranjuez.
Un abrazo

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Hermosa historia de amor entre seres de naturaleza diferentes, pero afines y semejantes en su capacidad de darse.
Hermosa historia.
=)

Charo dijo...

Un relato precioso! El simple hecho de saber que la presencia de ella está en su jardín, es suficiente para hacer feliz al jardinero que sabe que no puede aspirar a otra cosa.
Un beso

Fabián Madrid dijo...

Me gusta lo de "trabajado con amor".
Un beso.

Max Estrella dijo...

Precioso...sencillamente...una maravillosa presencia esquiva, enamoradiza...
Digno de aplauso...como bien comprobaste...
Besos