miércoles, 10 de diciembre de 2014

ESTE JUEVES: PROJECT U.F.O.





La noche era cálida y la mayoría de los campistas se encontraban alrededor de las fogatas que todas la noches encendían y sentados alrededor contaban viejas historias y cuentos. Los niños eran los que mejor lo pasaban intentando siempre acercar a las brazas alguna rama seca que se prendiera fácilmente y así imaginar antorchas con las que salir al camino a investigar la oscuridad. En el Pinar la Breña la vía láctea es visible gracias a que el entorno carece de luces artificiales y solo de vez en cuando pasan las ráfagas del faro de Trafalgar que hace un barrido luminoso por el entramado de ramas. 
Salomé había pasado el día algo inquieta y deseaba alejarse del grupo y pasear sola por el terrizo camino que lleva a la Torre de Meca. Caminaba ensimismada, mirando esa nebulosa repleta de titilantes estrellas que parecía poder alcanzarse con solo alargar el brazo. De pronto algo llamó su atención, era una estrella enorme, con la luz más intensa y blanca que nunca había visto y, para su asombro, aquella resplandeciente estrella se desplazó sobre ella atravesando el pinar en décimas de segundo. No quiso comentar nada con sus amigos y se fue a dormir pensando en aquello que había visto o quizá solo imaginado. 
Pasado algún tiempo y por casualidad se encontró con el siguiente titular en un periódico local:

"El conocido como “caso Conil” tuvo lugar en 1989, a mediados del mes de septiembre. Un grupo de amigos observó en el horizonte una conjunto de luces realizando movimientos anómalos. Las observaciones se prolongaron durante semanas y tuvieron su momento culminante a final de mes, cuando el grupo de jóvenes presenció luces cercanas y posteriormente la presencia de dos figuras de tipo humano que salían de la orilla y que tras sufrir una increíble metamorfosis se convertían en un hombre y una mujer de tipo nórdico que se adentraban en el pueblo perdiéndose en sus calles".

Un escalofrío recorrió su cuerpo y recordó aquella noche paseando entre los pinos.




11 comentarios:

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

A lo mejor era una pareja de turistas de una galaxia, muy, muy lejana.

matias GARCIA PUPO dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Juan L. Trujillo dijo...

Yo, que soy incrédulo por naturaleza. no puedo poner en duda esta historia.
!Coño, si están en las playas de Cádiz!
¿Donde mejor van a estar?
Creo que han puesto un chiringuito en la playa de Conil y ya de nórdicos nada, están tan morenos que parecen lugareños.
!Que hay muchas galaxias, pero ninguna como esa bella tierra!
Un abrazo.

Charo dijo...

A mi también me entrarían escalofríos si me hubiera pasado lo que a tu protagonista...aunque mientras solo vengan a disfrutar de nuestro planeta no hay problema...lo malo es como vengan con intenciones perversas...
Muchas gracias por participar
Un beso

Luciano Doti dijo...

A mí me pasó ver unas luces raras en la costa de la provincia de Buenos Aires, por el cabo San Antonio.

Maria Liberona dijo...

Una pareja de extraterrestres que vienen a visitarnos, realmente no es extraño

Yessy kan dijo...

Te imaginas si este caso fuera verdad? De ser cierto creo que estamos en un gran problema. Fantástico y escalofriante relato, Leonor.
Un beso

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Algo de cierto debe haber detrás de esas extrañas historias. No niego que sea fácil fabular, pero entremezclados con los fraudes, algunas deben ser ciertas.
Un abrazo

Alberto V. dijo...

Un relato que, desde la privacidad del bosque, se hace público por la prensa. Afortunadamente, ya tenemos más capacidad para analizar la veracidad o seriedad de una noticia en los medios.La imaginación hace el resto.

Un besote

Max Estrella dijo...

En este tipo de situaciones uno se da cuenta de lo que le podía haber pasado una vez que ha ocurrido el hecho...y a la protagonista esa percepción le llega en forma de escalofrío...plácido al principio e inquietante al final.
Besos y abrazos

G a b y* dijo...

Historias de esas las hay por ahí... y sin dudas, como la que compartes, no nos deja indiferentes. Un escalofrío recorre el cuerpo, seguro que no somos los únicos seres de este universo... y algunos, posiblemente ya estén entre nosotros! Siempre un gusto leerte querida Leonor.
Besos!
Gaby*