lunes, 26 de mayo de 2014

PALABRA 22 DE 52: CONTANDO LAS SEMANAS






Esta semana la palabra RECUERDOS

Rayos de sol del atardecer otoñal, dorados, apetecibles.
Reflejos en la madera trabajada por las diestras manos del ebanista.
Sombras que recorren la estancia desplazándose suavemente.
Y el respirar pausado del hombre satisfecho.
El viento del Este, impetuoso, violento, apasionado, agitando las ramas del Olmo.
El sonido metálico de la veleta que gira atolondradamente.
Imprudentes ráfagas de aire que descubren los misterios de las rosas.
Pétalos transportados por un invisible duende.
Ladridos de perros lejanos.
Un insecto iluminado por un hilo de luz.
Y el respirar lánguido de la mujer intercalado por largos suspiros de complacencia.
La noche invadiendo los rincones, borrando los perfiles.
Y el despertar de los amantes del sueño de una tarde de otoño.


Reedición de uno de mis escritos en Reflexiones.




Recordad que hay más recuerdos en casa de SINDEL




martes, 20 de mayo de 2014

PALABRA 21 DE 52:CONTANDO LAS SEMANAS






Esta semana la palabra PLAYA

Paseo sobre arenas rubias
cálido cuarzo molido
minúsculo grano extendido
acariciado por la espuma de las olas
conchas, piedras, pulidos cristales
orejitas de coral y caracolas
un laberinto de huellas
sobre la arena mojada

paseo sobre arenas finas
hasta el búnker escorado
vigilante de la costa
de dura piedra agrietada
raído por las mareas
fustigado por el sol
azotado por los vientos
muriendo de agotamiento

  Punta del Boquerón
 islote de Sancti Petri
murallas y torre del faro
ancestral templo
de dioses otrora adorados
casa de Hércules-Melkart
fortaleza defensiva
vieja atalaya vigía
que hoy ayuda a navegar

paseo por la playa de mi Isla



Playa del Castillo o de Camposoto e islote del Castillo de Sancti Petri.


Búnker 


Punta del Boquerón










martes, 13 de mayo de 2014

PALABRA 20 DE 52: CONTANDO LAS SEMANAS






Esta semana jugamos con la palabra "Mariposa".


Cuatro esquinitas 
tiene mi cama
cuatro angelitos
me la guardan
dos a los pies
dos a la cabecera
la virgen María 
es mi compañera
y me dice:
duerme y reposa
y no tengas miedo
de ninguna MARIPOSA.



Cuando nos acostábamos acostumbrábamos a recitar esta letanía y cambiábamos el final para reírnos. Mi madre, que también se reía, nos corregía, "no es mariposa, es de ninguna mala cosa". Aún hoy, cuando soy yo la que la acuesto a ella, se la digo con la MARIPOSA al final, y creo que ella se sonríe.





Frágiles aleteos en el blog de SINDEL




domingo, 11 de mayo de 2014

PASEANDO RECUERDOS






A mi amigo Juan

El rumor del mar acompaña su solitario paseo mientras su mirada puesta en el horizonte despide los últimos rayos de sol que se resbalan sobre las aguas doradas. Así camina un hombre bueno, acompañado de sus recuerdos, con el pensamiento perdido en otro lugar y otro tiempo. A veces cierra los ojos y espanta los dolorosos momentos para no sentir en su alma la puya que la atraviesa, y,  vuelve al presente,  y disfruta de ese astro ya semicircular que se va perdiendo tras el mar, siente su cálido abrazo y sabe que merece la pena vivir aunque sea en soledad, con el corazón infartado por los golpes recibidos, con el puño que aprieta su garganta para evitar que de rienda suelta al grito que le ahoga, con esos sentimientos que a veces provocan un odio que no puede permitir porque a quien  daña más es a sí mismo.
Le han quitado parte de su vida, ha perdido su hogar, el que se hace día a día, el que agrupa a sus moradores en torno a instantes felices y a ratos de aflicción, pero todo une,  la alegría y la pena, la tristeza y el gozo, el júbilo y el quebranto, todos son sentimientos que acompañan la existencia. Pero ahí, dentro de su ser hay un hombre orgulloso de seguir su camino con el rostro mirando al frente, con su imperturbable  dignidad,  porque al hombre nadie podrá quitarle su honra, su decencia y decoro, la grandeza de los seres honestos es inalterable.
No es necesario el halago y la lisonja ajena para aquellos que se saben honorables porque es algo que emana desde dentro y casa con los principios. El amor propio le enaltece a pesar de los intentos que hagan por hundirle.
Así el hombre camina sobre la arena mojada, a veces salpicada de espuma blanca que acaricia sus pies desnudos, enredando en sus recuerdos sigue su lento recorrido iluminado por  las últimas luces del día y acompañado por su dignidad, su más preciado tesoro, eso que nadie tiene el poder de quitarle. A veces le sorprende alguna gaviota que pasa de refilón o un grupo de  chorlitejos que camina a paso ligero por la orilla desviando los pensamientos del hombre que disfruta de las sencillas imágenes que le brinda la naturaleza. Y es que solo las almas cándidas saben sentir la felicidad con las cosas pequeñas, como cuando mira al cielo y sonríe ante una gran nube que asemeja un algodón de azúcar y recuerda a sus hijos en las fiestas, cuando iban con las manitas pegajosas, arrancando trozos de esa espumosa maraña de hebras dulces en torno a un palo. Y sus recuerdos van y vienen de forma aleatoria, y es feliz, porque está vivo y eso es muy grande.
Al llegar junto al camino que le lleva de vuelta a su casa, se vuelve para ver  sus huellas y  despedirse de  ese mar que le arrulla en su soledad.

jueves, 8 de mayo de 2014

ESTE JUEVES:ROMANCES AMBIENTADOS




Vestido de negro, bien rasurado y perfumado, Alberto se dirigía con paso cansino hasta el tugurio de las afueras, un local de poca clase en el que  amenizaba las noches de un público poco dado a escuchar, el alcohol corría a raudales y las peleas eran diarias, camorristas con muchos tiros dados, con un bagaje  de desventuras y desamores, gente de poco fiar.

   Llegaba a las diez, una hora antes de que abriera el local y despacio sacaba su viejo instrumento de la funda y lo colocaba sobre la peana mientras  se tomaba la primera copa.

En la trastienda se encontraban el dueño y sus esbirros siempre a sus órdenes, perros temerosos de recibir un tiro por la espalda por encargo del jefe si no actuaba según sus reglas. Entre ellos una mujer, una joven de facciones bonitas y gesto triste, siempre callada, esperando una mirada de su amo para obedecer sin rechistar. Cuando abría el local  se colocaban en las mesas del fondo desde donde vigilar lo que fuera transcurriendo. En la mesa del rincón cerca del escenario, ella se sentaba semioculta,  un leve reflejo de luz la iluminaba, suficiente para ver que en muchas ocasiones su mirada se veía empañada por lágrimas. Cerraba levemente los párpados queriendo limpiar la imagen borrosa. No dejaba de mirar al escenario y con cada nuevo tema su expresión iba cambiando, unas veces caía en una profunda melancolía mientras  otras, llevada por un ritmo más alegre, se veía sonreír sutilmente.  Era la única persona que escuchaba su música y él sentía cada noche que ella era el motivo por el que seguía tocando, imaginándose a aquella linda muchacha acercándose despacio, con pasos sugerentes y que apartando el saxo de su boca lo sustituía por sus labios obsequiándolo con un largo beso.  Imaginaba que alguna noche, en una de las broncas que allí se formaban, ella correría a sus brazos y él la salvaría y se irían lejos, muy lejos, a vivir una vida de amor.

   Pero las noches se seguía sucediendo, una tras otra,  y eran todas iguales, ella se mantenía en su penumbra y el tocaba tristemente el viejo cacharro metálico.


Texto reducido de mi relato El Saxofonista.


Más romances en el blog  de Mónica, Neogeminis