lunes, 9 de noviembre de 2015

ALFILERES




Relato inspirado en la imagen

Podrían haber formado parte de una acogedora mesa camilla donde las familias se reunirían al calor de un brasero y contarían sus vivencias. Podrían haber sido madera abrazada por las fuertes manos de un agricultor que en su rudeza acaricia el mango de una herramienta. Podrían haber sido cualquier cosa, incluso parte de un lápiz y haber intervenido en el aprendizaje de un pequeño trazando sus primeras letras o ser acariciados por las manos de una joven soñadora que escribe sus emocionadas palabras de amor, pero un artesano decidió que serían pinzas de tender, alfileres, y durante muchos años hicieron su labor con alegría sujetando en el alambre las ropas de todos los que habitaban en aquella casa. Ellos sabían si había visitas, si venía un bebé nuevo, si los mayores ya empezaban a ser demasiado viejos, todo lo deducían  por las prendas que colgaban. Cuando aquella muchacha los eligió entre muchos otros en la tienda donde esperaban  su vida empezó a tener sentido. Cuántas horas de sol, cuántos chaparrones, cuántos sustos cuando los pequeños tiraban en sus juegos de las sábanas que se oreaban escondiéndose entre ellas. Pero el tiempo pasa inexorablemente para todos y en las manos de aquella mujer se fueron haciendo visibles los años, y cada vez le costaba más manejarlos, a veces se les caían al suelo por falta de habilidad en sus dedos artríticos. Poco a poco fue dejando de salir al hermoso jardín donde tendía. Las pinzas, también envejecidas se han acostumbrado a esta quietud, expuestas a las inclemencias del tiempo y a los bichejos que se pasean sobre su raída madera, sienten el cariño de una avispada araña que se ha aprovechado de su lugar estratégico para situar una hermosa tela que es ya lo único que sujetan.  Pudieron ser incluso parte de un trinquete o un bauprés, quién sabe,  y haber navegado por el mundo, pero el destino decidió que fueran lo que son, unas simples pinzas para tender orgullosas de haber cumplido siempre con su cometido.



3 comentarios:

Ester dijo...

Si pudieran leerte se sentirían felices de saber que se les reconoce su empeño en mantener la colada bien colgada. Una bella historia muy bien narrada. Un abrazo

tRamos Romero dijo...

Esta poesía reflexiva , exquisitamente valorando cada detalle es una gozada leerla.
Mis sinceras felicitaciones,

tRamos

Tracy dijo...

Pinzas, nada más y nada menos y tú con tus palabras las has elevado a la categoría de protagonistas de una preciosa y entrañable historia. Su historia. Una preciosa historia de lo que pudieron ser y no fueron, para ser lo que realmente fueron.