jueves, 3 de mayo de 2012

ESTE JUEVES: EDAD MEDIA



Castillo de Olvera, Cádiz

   
   La torre del homenaje era el lugar del castillo en el que la muchacha pasaba la mayor parte del tiempo.
Desde sus ventanas oteaba las tierras que rodeaban la fortaleza. No se cansaba de subir una y otra vez la escalera de piedra en forma de caracol por la que accedía al torreón. Tanta era su ansiedad que no encontraba ningún entretenimiento, pasaba las horas ensimismada, estaba triste, no reía ni siquiera cuando sus criadas venían con chismorreos, no disfrutaba ni cuando con exquisita maestría le ofrecían melodías tocadas en zanfonas y arpas,  nada la consolaba. 
   Junto a la chimenea de uno de los vastos salones tenía colocado un bastidor con una labor de bordado que hacía meses no tocaba, en la tensa tela había dibujado las iniciales de sus nombres cuando supo que Don Alonso la iba a tomar como esposa. Entre la urdimbre y la trama quedaron abandonadas las dos letras, A y E, rodeadas por una guirnalda de flores que con el tiempo se habían marchitado tanto como el amor de Elisenda.
   Habían pasado meses desde que su señor partió a la lucha y no había noticias de su regreso. Su desazón crecía cuanto más pensaba en los días que faltarían aún por esperar. La ausencia de su marido la estaba enfermando.
   De vez en cuando salía a pasear por los patios, recorría pasadizos, visitaba las cuadras, bajaba a las bodegas, se acercaba a las cocinas, iba a la herrería,  todo con tal de acortar las horas, de acelerar la llegada de la noche y el paso de un nuevo día.
   Una tarde mientras caminaba por el adarbe de la muralla, divisó entre las almenas una nube de polvo que se acercaba al castillo. Era la tierra seca que levantaban los cascos de las cabalgaduras que volvían de las batallas. Al frente el portador del banderín con el emblema de la familia, a su lado un caballero de armadura que ella reconoció por el penacho que adornaba el yelmo, era su dueño, el poseedor de su deseo.
   Bajó dando traspiés por las escaleras y corrió hasta las grandes puertas que ya empezaban a abrirse. El rastrillo mostraba sus agudos dientes desde la altura y el puente levadizo cubrió el foso cayendo casi al tiempo en que los caballos apoyaban las patas delanteras. Un estruendo alertó a todo el personal del castillo que asomaban por las puertas de sus dependencias y se dirigían al patio de armas a dar la bienvenida a Don Alonso y sus huestes.
   Cuando Elisenda se hubo cerciorado de que el caballero era su marido se retiró a sus aposentos con la certeza de que su señor iría a visitarla en cuanto se hubiera desecho de su pesada armadura, también estaba segura que no pasaría primero por el baño, no por respeto hacia ella, cosa impensable, pero ni siquiera por su propia comodidad, porque primaba el deseo de poseerla.
   Cuando lo vio entrar descubrió en sus ojos el deseo lujurioso que ella tanto odiaba. Nunca hubo miradas de amor. Su matrimonio había sido convenido por las familias pero siempre tuvo la esperanza de que él la amaría. 
   A pesar de todo se mostró complaciente, sonrío mientras él se iba acercando, había imaginado y esperado este momento desde que él salió a combatir. Elisenda lo miraba nerviosa, expectante.
El se acercó y ella en un arrebato de valor lo atrajo hasta su cuerpo. Ella misma hizo entrar aquella dura pieza que tanto había deseado. La vieja llave abrió el cinturón de castidad que la había martirizado durante tantos meses, dejando en libertad a la mujer.
   Elisenda bajó de la cama y corrió escaleras abajo envuelta en su camisola. Se dirigió a las cuadras, montó sobre su yegua y salió del castillo.
   


Foto actual de Olvera



20 comentarios:

Teresa Oteo Iglesias dijo...

Se ve que la dama Elisenda tenía ganas de liberarse.
Me ha gustado tu relato medieval.
Besos

censurasigloXXI dijo...

Leonor, te había perdido, amiga mía!
Soy anónima ahora pero me conoces de sobra si te dejo un café, a que sí?

Si no supiera que eres tú la que ha escrito este relato, diría que Becquer ha vuelto. Excelente la narración de leyenda española. Bravo!

Besito y cafelito, compi.

H. Fraile dijo...

Interesante relato medieval, cuando visito un castillo de la época pienso en lo que nos dirían sus muros si pudieran hablar.
Saludos.

Leonor Montañés Beltrán dijo...

Hola amiga, el café es una buena pista.
Ya sabes que he estado bastante mal, afortunadamente ahora me encuentro pletórica, aunque tendré que pasar por unos días de radioterapia. Vuelvo a tener las mismas ganas de vivir, o aún más, porque ahora valoro cada minuto.
Un beso y gracias por ese cafetito.

José Vte. dijo...

Magnífico relato. Muy bien ambientado y muy bien llevado hasta ese final que no deja de ser sorpresivo.
Me apuesto a que aun no ha parado de correr,jaja.

Un abrazo

Pepe dijo...

La añoranza de llave, que no de marido, puso alas a su deseo de liberarse de ese cinturón de castidad que la aherrojaba, nunca mejor dicho. Final inesperado para un hermoso relato medieval.
Si yo hubiera estado en su pellejo, habría buscado los favores del herrero.
Un abrazo.

Elisabet dijo...

Yo soy más romántica porque, hasta el final, he estado esperando que Alonso la mirara con amor y le dijera que quería que se dieran un baño ante estar juntos.

rosa_desastre dijo...

Ole, ole, y ole por la Elisenda! y todavia habra que oir los comentarios de que si la muchacha tiene poco aguante jajajaja.
Romantico, romantico no es pero tiene todos los ingredientes para que me pareciera fantastico.
Un beso

Neogeminis dijo...

Bravo por Elisenda!...tener que soportar el castigo de semejante tortura le daba derecho a escapar apenas llegada la llave salvadora!...que se quede el señor con su lujuria!...cualquier otra mujer le serviría, pero a ella, que la dejen en libertad!

Un abrazo.

Natàlia Tàrraco dijo...

Mala vida llevaba Elisenda esperando la llave de su salvación, tiempos implacables, tiempos de brutalidad donde el amor no tenía cabida, tiempos en los cuales la mujer era puro objeto de la lujuría, destinada al aburrimiento, mirando desde altas almenas al vacio.
Olé por Elisenda, que tenga suerte en su decisión valiente.
Leonor le has dado una vuelta a la llave del relato medieval, estupendo en descripciones y en el desenlace, te felicito, besitos.

Cristina Piñar dijo...

Pobre Elisenda. No me extraña que cuando por fin llegó la llave que tanto esperaba se diera a la fuga. Un buen relato con inesperado final. Me ha gustado. Un beso.

CAS dijo...

Un gusto leerte y verte tan animada.
Mi corazón se alegra: BESOS!!!

El Alma de Venus dijo...

Tu relato del Medievo, cuenta las burradas que aquellos hombres,hacian por su honor, bueno si pensamos que la mujer por no tener, se decia que ni alma poseia,
no es de extrañar que las tratasen asi.
Elisenda fué demasiado paciente, seguro que su alma, todavia anda corriendo de estos bestias, de castillo en castillo. me gusta mucho tu relato, sobre todo el final.
Leonor, me alegra infinito que estes mejor, y con fuerzas y ganas de vivir, eso es lo más importante, para encarar los malos momentos.
Besos suaves y terapeúticos...Llenos de cariño amiga.

gustavo dijo...

olé olé y olé...viva la elisenda, muy viva diría yo...que más vale lleve abriendo cinturón, aunque tarde, que quedarse para abrir...eso con la otra llave...y sobre todo si el tipejo viene sin ducharse...marranucio...y sobre todo si el tipejo viene con los ojos mismos con los que se despidió, es decir, esos ojos asquerosos...
sabes, leonor, además me gusta la utilización de una palabra que has empleado y que está muy de acorde con el tiempo medieval...
medio beso al que sumo otro medio.

Matices dijo...

¡Bravo por Elisenda!, que liberación, prefiero no imaginarlo pero es para huir y mucho más... su inquietud escondía un deseo triunfal..

Besos, me alegra tenerte de nuevo por aquí ;)

maria jose moreno dijo...

Pues la pobre Elisenda montada a caballo sufriria una barbaridad después de haber llevado ese temible cinturón. Excelente relato y mejor final, de los que a mi me gustan.
Un beso

Juan Carlos dijo...

Ah, ¡qué bueno! Y gritaría ¡LIBERTAD! Muy bien narrado y que buena sorpresa final. Dios mío, que tiempos tan crueles e injustos.
Me alegra mucho tu vuelta y como lo has hecho.
Muchos besos, amiga.

Leonor Montañés Beltrán dijo...

Muchas gracias a todos por haberme dado tanto ánimo. Estoy encantada de haber vuelto y os digo que tengo muchas ganas de seguir entre vosotros por mucho tiempo. Besos.

San dijo...

Cogio la puerta y salio corriendo, dicen que aún hoy la estan buscando. Muy enamorada no estaba la doncella no.
Un abrazo.

Ceci dijo...

Que buena intriga has creado Leonor, me llevas por un relato exquisito hasta un desenlace inesperado, Bravo!, y me alegro que te cuentes entre los jueveros, person por pasar tan tarde, pero yo siempre leo con atraso, besito