lunes, 20 de marzo de 2017

SENTIMIENTOS





Hoy tengo que hablar del pellizco insoportable que se instala en mi pecho al pensar en ellos. Es doloroso perder a un familiar, muy doloroso cuando se trata de un padre o una madre y mucho peor cuando se van al mismo tiempo. Es casi imposible pensarlo sin que ello me produzca una mezcla de sentimientos que se mueven entre la rabia, la impotencia, la pena, los recuerdos de toda una vida, y a ratos hasta la locura. Es difícil expresar la multitud de pensamientos que vagan a todas horas por mi mente. Podría haber ido más horas a verlos. Me han faltado muchas conversaciones con mi padre. Ahora me doy cuenta que nunca bailé con él cuando ya fui mayor, de pequeña bailaba poniendo mis pies sobre los suyos y él me llevaba dando vueltas y vueltas por todo el salón. Qué divertido cuando nos metíamos en la tienda de campaña que nos hacía en la cama levantando con sus piernas las sábanas. Cómo me gustaba que me rascara la espalda y yo le pedía que lo hiciera con las barbas y él lo hacía siempre. Pero cuántas cosas no hemos llegado a hacer juntos. Por qué nadie nos dice las cosas importantes que no pueden dejarse para mañana porque puede que no llegue ese mañana.  Por qué no estuve más atenta a ciertas señales. Cuántos días por pereza no me acerqué a su casa con lo que él disfrutaba de nuestras charlas. No habrá en mi vida un hombre que me haya amado tanto y con tanta generosidad. Siempre me sentí niña a su lado. Cómo echo de menos mirarlos, besarlos, tocar sus manos. Cuánta tristeza despertar y saber que no están esperándome, ya solo tenían horas para esperarnos, era su ilusión de cada día. Mi padre sentado en su butaca siempre al lado de mi madre a la que amó hasta el último suspiro. Ella en su callada quietud pero expresando con la mirada todo lo que sentía. Cuántas veces se me encogerá el corazón al preparar los platos que ellos disfrutaban. Cuánto durará este tiempo que me tiene sumida en una constante melancolía. Cuánto desearía tener una fe ciega en que existe un lugar en el que me volveré a encontrar con ellos y que ya será para siempre, un siempre eterno. Cuándo lograré calmar mi espíritu y sentir que ellos están, que mi recuerdo es su morada y que mientras yo viva siguen vivos en mí.



3 comentarios:

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Sé de lo que hablas. También yo, los he perdido, no al mismo tiempo, pero lo suficientemente cerca como para aunar la pena y el dolor de no tenerlos ya presentes. Pero de alguna manera más íntima siguen estando, cuando los pienso bien y recuerdo. A veces las sensaciones llagan bien de cerca y por una fracción de segundo me logro transportar hasta ese tiempo en que el presente se paladeaba con la tranquilidad de saberse contenido y bien querido, a salvo en nuestro hogar y con la certeza de tener un futuro inmenso por delante. Qué inconsciencia de infancia feliz que seguro hay atesoramos doblemente! Si hay un más allá, creo que no será físico, pero sí con la cercanía espiritual de quienes nos han amado y que son parte nuestro. A modo de consuelo, saber que hemos tenido la dicha de tenerlos alguna vez y haber vivido lo que a muchos le ha sido negado nos debe reconfortar. La vida es eso, tener y perder, amar y seguir amando aunque la presencia física haya culminado.
Beso grande.

Manolo Ruiz dijo...

Qué recuerdos tan íntimos y tan maravillosamente contados.
Llegan al alma.

Juan L. Trujillo dijo...

Estoy seguro que esto tan brillante y sentido que acabas de escribir, no podrán leerlo, pero tambien tengo la certeza de que ambos sabían de tu amor, al tiempo que supieron entender que el tiempo que no les dedicastes se lo estabas dando a lo mas importante para ellos: tu propia vida.
Mientras sientas ese "pellizco", sabran que sigues viviendo y serán felices en esa eternidad desconocida.
Un beso.