Al levantarse tenía cuidado de salir de la cama siempre por el lado izquierdo, no era una superstición, es que su cama estaba pegada a la pared por el lado derecho, pero esa costumbre se instaló para siempre en su mente y cuando dormía en otras camas o la compartía siempre tenía la necesidad de ocupar el lado izquierdo. Aquella mañana se despertó sobresaltada porque tenía un examen a primera hora y creyó haberse quedado dormida, no tenía el hábito de poner el despertador porque confiaba en su capacidad de despertar siempre a la hora prevista. Levantarse nerviosa alteró sus rutinas y al salir para la facultad olvidó una pulsera de plata que era su amuleto de la suerte, así la consideraba desde que se la regalaron y nunca asistía a un examen sin ella.
No detectó su falta hasta que sentada ante los folios blancos comenzó a sentirse angustiada, no sabía el motivo pero algo no estaba bien, miró a su alrededor buscando en motivo de su desasosiego, colocó los folios bien encuadrados en la mesa, un bolígrafo alineado a la derecha y otro de repuesto en la parte de arriba. Todo en regla. Pero...¿qué fallaba?. Al comenzar el examen se dio cuenta de la causa de su desatino, no tenía en su muñeca la cadena plateada que guiaba su mano. Nada de lo que sucedió a continuación se desarrollo con normalidad. No pudo concentrarse en el ejercicio y salió del aula con la convicción de que no lo aprobaría.
JUEVES 13, nos leemos en el blog Lugar de Encuentro de María José Moreno. (Creo que quiere psicoanalizarnos)






